Biografía P. Bariandiaran

José Manuel Barandiarán SJ. 
De 1977 a 1998 está en la Parroquia Cristo Rey en San Félix, como Párroco, y después como Vicario, hasta su ingreso en la Enfermería el año 2005. En total 28 años en la pastoral de San Félix, con una comunidad caracterizada por el compromiso de sus miembros con el mundo obrero y la pastoral popular. Barandi dejó en su parroquia el recuerdo de un hombre bueno y sencillo. El P. Alfredo Infante le hizo un retrato en tres estrofas, alternadas con un coro, que podemos recitar aquí. Dice así:

Lo hemos visto gozar 
con la travesura de un niño.
Lo hemos visto llorar 
ante el dolor de su pueblo.
Lo hemos visto enternecerse 
en el encuentro esperanzador del pueblo organizado.
DIOS MODELÓ TU CORAZÓN 
Y VIO DIOS QUE ERA BUENO
Lo hemos visto indignarse 
ante la injusticia que se comete con el pequeño.
Lo hemos visto acercarse 
con corazón compasivo ante el enfermo.
Lo hemos visto caminar entre el desierto
y la fertilidad con su pueblo.
DIOS MODELÓ TU CORAZÓN 
Y VIO DIOS QUE ERA BUENO
Lo hemos visto arrepentirse
y acercarse a sus hermanos para pedir perdón.
Lo hemos visto saborear y gozar tu palabra 
como niño con juguete nuevo.
Lo hemos visto como José en su taller barriendo, 
fregando, conversando con el vecino.
Lo hemos contemplado rezando en el caney de su casa, 
con el rostro tejido por los años y tu amor,
conversando contigo como un niño 
conversa con su padre.
DIOS MODELÓ TU CORAZÓN 
Y VIO DIOS QUE ERA BUENO

El padre Barandi era así, uno más entre la gente, destacando ciertamente por su elevada estatura, y por la dignidad que le daba su sacerdocio vivido con plenitud religiosa y gran conciencia social. Hay otra evocación, llena de sensibilidad, de una anciana animadora de Comunidad, la Sra. Ofelia, que considero útil leer aquí: “Tengo muchas cosas que quisiera expresar, los sentimientos que nacen hacia el padre Barandi son muy buenos y grandes.

Lo primero es que ha sido más que un padre carnal para nuestras comunidades: consejero, solidario,compasivo; ha sido realmente una persona digna de su estado sacerdotal.

En sus celebraciones dominicales vive con alegría su fe en Jesús y nos enseña lo que es la vida.
Nos ha enseñado que en la vida hay que ser como el buen samaritano, atentos a nuestros hermanos que sufren. Nos ha entusiasmado a trabajar por el Reino de Dios y nos hemos quitado las vendas para ser activos. Yo hoy veo las cosas más claras que cuando tenía la vista buena…

Desde hace tiempo Barandi nos viene diciendo que nos apretáramos los pantalones, que las cosas se iban a poner feas y que sólo el pobre junto al pobre podía construir algo nuevo. Y eso es verdad.

Gracias, padre Barandi, por enseñarnos a Jesús.” Siento que las palabras de la gente son más aptas que las nuestras para evocar a este hermano nuestro jesuita. Otros jesuitas, también, han captado en él estos rasgos:
- Hombre de carácter fuerte, de modales rudos, de gran corazón… De gran voz y gran riqueza de sentimientos.
- Gozaba de facilidad de palabra con un estilo claro y sencillo en la predicación.
- Hombre cargado de ‘despistes’, pero libre para hablar y proponer, era devoto y
comunicaba devoción.
- Dispuesto siempre a hacer los servicios cotidianos en la comunidad, como el mercado semanal, la limpieza de la casa o preparar el café.

Por su carácter pudo generar tensiones, pero con su humildad en pedir perdón y en aceptar a los compañeros más jóvenes y sus críticas, ganaba el corazón de todos.”

El Padre General lo resaltaba de este modo el 9 de octubre de 1991: “Para consuelo suyo le digo que usted ha edificado a muchos jóvenes jesuitas con su franqueza, con su inserción en lo que Usted llama la ‘clase popular’, y con su prontitud para los oficios bajos y humildes”.

… se recuerdan los comienzos de la predicación de Jesús y la pregunta de la gente sobre su origen, porque les hablaba en su propia tierra, como uno más. Y el P. Barandi fue así, uno más entre la gente, con autoridad de profeta, como también lo hemos escuchado a su misma gente.

Así lo recuerda José Ignacio Angós, SJ
«Cuando ayer el Provi me pidió que dijese unas palabras en el abrazo que estamos dando al bueno de Barandi, lo primero que se me ocurrió fue:

I – Cómo se goza con un cacho de pan. Sucedió en una excursión a la Gran Sabana con la familia Esparza. Por supuesto que llevaban cava, sándwiches y demás parafernalia. Al regreso:
“¿Qué fue lo mejor?” Y los muchachos dijeron: “El pan que nos daba Barandi.” Y así era: gozaba comiendo pan y hacía gozar al compartirlo a pellizcos.

 Cuentan los cuentos que, cuando estaba de rector en Tudela, los domingos por la tarde, mientras Moracho se encargaba de los internos castigados sin salida, él se iba con la mismísima familia de Moracho a ver jugar al Tudelano y terminaban merendando en su casa.

Que lo cuente Félix de primera mano. Cuando vino a Mérida, también internado, mejoró su actuación con los maestrillos: “Perdonen a todos y vámonos a merendar a San Javier del Valle”. Dicho y hecho con gran satisfacción de los maestrillos que solíamos estar bien, pero bien cansados.


 Gozaba la vida con las cosas más sencillas y hacía gozar. Le caen bien las palabras de Micheo: Vivir y dejar vivir, reír y dejar reír, amar y dejar amar. No se escandalicen, pero ya mayor, con no demasiado sentido bíblico, decía “Comamos y bebamos que mañana moriremos”, omitiendo que el libro sagrado continúa “Así dicen los malvados”. Barandi de malo nada. Es -lo digo en presente- profundamente bueno. Si no que lo digan las señoras de la comunidad de base que, después de un buen grito de Barandi que dejaba chiquito a Stentor, el locutor de las carreras hípicas de Bizancio, lo manejaban con el dedo meñique y conseguían de él lo que querían. Todavía me reclaman a mí, porque yo no las sacaba a pasear en el “piazo ‘e carro” de la época correspondiente. Esto me lleva a testimoniar su…

II- Humildad.- Yo lo vi arrodillarse en público para pedir perdón a una monja por un grito que le había soltado, cuando el colmillo retorcido de la monja estaba pidiendo algo más que un grito.
No solo era sencillo y gozaba con la gente sencilla, sus amigos y amigas, sino que gastaba grandes tiempos con ellos y ellas. Servicio, ayuda, plena disposición y un largo etcétera. Todo el mundo lo recuerda como el amigo. Su pastoral iba en consonancia con esa sencillez y de eso dan fe las comunidades eclesiales de base y su proyección laical, mucho antes de que ambas fueran signo de los tiempos. Las reuniones pastorales con él eran reuniones de amigos.

Cuando fundaron San Félix, él creía que lo habían pedido los sacerdotes jóvenes como persona mayor para conseguir el permiso de un proyecto mixto novedoso; siempre agradeció y se sorprendió cuando se dio cuenta que no era mampara, sino parte muy importante del equipo. Vivió la pobreza e inserción, antes de que ambas se convirtieses en moda por los 70, de verdad verdad y con alegría. Que lo digan sus amigas de Maracaibo.

Cuentan los cuentos que lo hicieron superior de Tudela por esa sencillez y porque caía bien a todos a pesar de su carácter fuerte. Iba a echar azadón con los hermanos coadjutores en la huerta (algo de eso tendrá que contar Isidro en los terrenos de Buñuel, al lado de Tudela) y yo soy testigo que rompía la “separación de clases” de la antigua Compañía, viniendo a almorzar en segunda mesa con los maestrillos que habíamos estado cuidando el comedor de internos. Y eso de la separación de clases, fuera de su nefanda formulación, era medio peligroso en esos tiempos prevaticanos. Fue actor en eso de convertir las comunidades de jesuitas en “amigos en el Señor”, en lugar de conventos.

III – Por último, el cristiano. Son una gozada dos libros que quedaron en la parroquia de San Félix: su Biblia, toda rayada, y el libro del altar también bien subrayadito para no olvidarse de alguna parte de la Misa. Cuando ya el Alzheimer le jugaba malas pasadas, admitía una monaguilla que le señalase la secuencia, pero tenía que ser ella, no él, que a las mujeres las respetaba. Devoto, muy devoto. Al final de su estancia en la parroquia, solía decir después de la Consagración: “Ya no hay pan, ya no hay vino; sólo el Cuerpo y la Sangre del Señor, por eso me postro y lo adoro”. Era tal la devoción y el impacto en los fieles que yo jamás me atreví a decirle que esa formulación externa se parecía a una rara herejía llamada panificación. Fue de los primeros que dio Ejercicios personalizados y en la vida diaria. Yo todavía guardo sus apuntes, que están a la orden, y también guardo un gran agradecimiento a Dios por haberme permitido convivir con él una veintena de años. Fueron una gozada. “De cómo se goza con un cacho de pan”, Barandi, amigo.»

Tomado de : Noticias de Venezuela Nº 514, 15 Septiembre 2008 3